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UNA NUEVA TEORÍA ACERCA DE LAS DILUCIONES HOMEOPÁTICAS

UNA NUEVA TEORÍA ACERCA DE LAS ‘DILUCIONES HOMEOPÁTICAS’
Dr. Gabriel Hernán Gebauer.
PRÓLOGO
     Ilya Prigogine, premio Nobel de Química en 1977, es autor de una generalización de la Dinámica clásica –la que se ocupa principalmente de sistemas dinámicos estables- y por la cual ésta se hace extensiva a los sistemas dinámicos inestables. Pero resulta que al considerar la inestabilidad se pone en cuestión al determinismo. 

La importancia de ésto está en que el desideratum de las Ciencias naturales siempre fué alcanzar la certidumbre, la cual sólo puede darla una descripción determinista. En cambio, con el estudio de los sistemas dinámicos inestables, que son la mayoría de los sistemas físicamente interesantes, surge la incertidumbre. Hay una serie de conceptos entrelazados con el indeterminismo y la incertidumbre: la inestabilidad, que lleva al concepto de caos, las probabilidades objetivas y la complejidad, así como la irreversibilidad y la "flecha del tiempo".
     En diversas ocasiones, Prigogine ha insistido en la sucesión:
     Inestabilidad → probabilidad → irreversibilidad.
     (Compárese con la trilogía: Estabilidad → trayectoria determinista → reversibilidad, propia de la Dinámica clásica, y se podrá entender más claramente la revolución de conceptos científicos implicados por los sistemas asociados al caos.)
     La importancia que estos conceptos adquieren para nuestro ensayo: Una nueva teoría acerca de las "diluciones homeopáticas"; consiste en lo siguiente: las "diluciones homeopáticas" no son sistemas dinámicos estables. De ahí nace, según nuestro criterio, la cisura que existe entre los hechos que la experiencia homeopática ofrece y las diversas teorías del corpus científico aceptado, y con ello la dificultad para entender científicamente esos hechos homeopáticos. Con la extensión que Prigogine ha hecho de la Dinámica, surge la posibilidad de preguntarse: ¿serán las "diluciones homeopáticas" sistemas dinámicos inestables? Y si lo son, ¿explicará esta inestabilidad la naturaleza de aquello que se produce en el proceso de dilución y, además, cómo se produce?
     La hipótesis desarrollada en las páginas siguientes se funda, precisamente, en considerar a las "diluciones homeopáticas" como sistemas dinámicos inestables: sistemas en los cuales cualquier pequeña perturbación se amplifica, dando lugar así a efectos que la Dinámica clásica jamás podría predecir –y que, por tanto, siempre ignorará-; pero con la peculiaridad, comparados con los sistemas dinámicos abiertos examinados por Prigogine, de que este particular sistema cerrado desemboca finalmente y de forma espontánea en un estado estable propio de un sistema aislado.
     La inestabilidad implica a la probabilidad -como lo muestra la sucesión anteriormente señalada-, pues en lugar de trayectorias de partículas individuales, tendremos que considerar probabilidades (distribuciones de probabilidad). Luego, el concepto de probabilidad que se use no puede ser subjetivo, o sea, no puede nacer simplemente de nuestra ignorancia acerca de las condiciones iniciales del sistema que sea el caso, como acontece con la Dinámica clásica –y, por tanto, con sistemas estables-. El concepto de probabilidad tiene que ser necesariamente objetivo si es la explicación más importante del comportamiento total del sistema. Y a ese respecto, la concepción de probabilidad como "propensión" de Karl Popper resulta ser, para nosotros, de la mayor importancia. Porque, por una parte, se trata de un concepto objetivo de probabilidad, y, por otra parte, porque al concepto de Información -que puede ser entendido como una "posibilidad improbable"- se le puede considerar concretamente como una propensión.
     La teoría de la información de Shannon, y sus extensiones posteriores, utilizan un concepto de Información de naturaleza subjetiva –y, todavía más, de naturaleza antropomórfica-. Lo cual no es sorprendente, ya que es una teoría que nació para resolver problemas relativos a la transmisión de mensajes en vías de comunicación ; y la comunicación es un asunto netamente humano. Es cierto que los animales, e incluso las plantas, se comunican ; pero no poseen una ciencia de la comunicación.
     Ahora bien, si es verdad que la entropía mide exclusivamente nuestra falta de Información, entonces ésta siempre estará atada al observador humano. Pero, si laneguentropía –la entropía con signo negativo, que es el equivalente de la Información- representa un estado improbable del sistema en consideración, entonces cualquierposibilidad que sea improbable será una Información, aun en ausencia del observador humano.
     Sin embargo, para que ése sea el caso, es imprescindible que estemos hablando de una teoría objetiva de las probabilidades. Si las posibilidades son, como lo sostiene Popper, existentes reales (propensiones o disposiciones), entonces una posibilidad improbable cualquiera será, necesariamente, una Información objetivamente existente.
     La sucesión planteada por Prigogine termina en el concepto de irreversibilidad. La irreversibilidad nos conduce a considerar la 2ª Ley de la Termodinámica –"la entropía siempre aumenta"-, y con ella el concepto denominado "flecha del tiempo". En la preparación de las "diluciones homeopáticas", observamos que esta dirección hacia el futuro no es equivalente a la dirección hacia el pasado, es decir, nos muestra que el resultado final es imposible de revertir ya que el sistema alcanzará en último término el estado de equilibrio ; así podemos ver en acción a la irreversibilidad. Pero, y aquí es donde está lo verdaderamente importante, será un estado cualitativamente distinto del previsible para un sistema estable –donde el "fenómeno homeopático" sería imposible-.
     En el presente ensayo se exponen dos versiones de una misma teoría –que se podrían considerar metafóricamente como una simetría de "bifurcaciones"-, relativas al "problema de las ‘diluciones homeopáticas’". Una versión teórica "fuerte", la que lleva la hipótesis de la "dilución homeopática" considerada como un sistema dinámico inestable, hasta sus últimas consecuencias ; y en la cual se propone un concepto semántico de Información qua energía no-degradable. Y una versión teórica "débil", que no involucra la aceptación de este mismo concepto, ciertamente polémico. Sin embargo, es nuestra opinión que esta versión de la teoría podría presentar dificultades que sólo la versión teórica "fuerte" sería capaz de superar.
     Es conveniente agregar, que cada versión de la teoría es solidaria de un tipo de análisis que le es propio: La versión teórica "débil" requiere de un análisis meramente estadístico ; la versión teórica "fuerte", en cambio, necesita de un análisis desde la perspectiva de la compleja estructura molecular del solvente (complejidad) como vector de la Información.
     Nuestra principal razón para preferir la versión teórica más "fuerte", es que el concepto de Información –en el sentido ya precisado de Información objetiva-, resulta fundamental en una teoría más amplia que sea capaz de abarcar todos los aspectos difíciles de la fundamentación homeopática. Por ejemplo, el mismo concepto de Información debería ser capaz tanto de explicar qué es aquello que persiste a la dilución llevada más allá del Número de Avogadro, como de qué manera funciona la llamada "ley de los semejantes". Sin duda que resulta mucho menos convincente el tener dos teorías diferentes
     –quizás, incluso incompatibles- para responder ambas interrogantes.
     Al terminar este prólogo, recordemos lo que el metereólogo Edward Lorenz decía:
     "el batir de las alas de una mariposa tendrá el efecto después de algún tiempo de cambiar completamente el estado de la atmósfera terrestre" –el título de su presentación en una sesión de 1972, de la Asocación Americana para el Avance de la Ciencia, era: "Predictability: Does the flap of a butterfly’s wings in Brazil set off a tornado in Texas ?"-; y mediante esta impresionante imagen se estaba refiriendo a la teoría de los sistemas dinámicos asociados al caos.
     Cuando Hahnemann tomó una pequeña cantidad de cierta sustancia y la diluyó a la décima parte -sacudiéndola enérgicamente-, y repitió la dilución con la sucusión una y otra vez por treinta y más veces sucesivamente, obtuvo un medicamento homeopático.
     Este medicamento homeopático poseía propiedades nuevas extraordinarias: era capaz de curar muchos tipos de enfermedades. ¿No sugiere también esta nueva imagen a la teoría asociada al caos?
     El desarrollo, en la preparación de las "diluciones homeopáticas", de ciertas propiedades imprevisibles, implica la presencia de fenómenos difíciles de explicar, pero que la metáfora del batir de alas de una mariposa sugiere fuertemente. Una cantidad tan feble de materia, ¿cómo puede actuar siquiera, ya que no digamos curar? Si, conceptualmente hablando, el batir de alas de una mariposa –vale decir, una causa tan débil- puede tener efectos mensurables, ¿por qué no podría tenerlo también un soluto extremadamente diluído sobre el solvente? En las páginas siguientes, procuraremos mostrar que efectivamente es así.
     La teoría de Prigogine nos ha aportado a este respecto de poderosas herramientas intelectuales ; sin embargo, hemos tomado de él sólo lo que nos ha servido, habiendo desarrollado nuevos conceptos, a la vez que integrado otros de diverso origen, para completar una teoría que pueda ser posible de considerar como medianamente satisfactoria. Ése es, al menos, nuestro deseo.
INTRODUCCION
     El problema de las "diluciones homeopáticas" –es decir, el problema de si en diluciones llevadas más allá del límite posible de conservación de átomos, iones o moléculas del soluto sometido a dilución, persistirían algunas de las propiedades de éste de una manera efectiva-, puede parecer a los ojos de sus críticos como un problema exótico, incluso extravagante. Sin embargo, no es más extraño que cualesquiera de los problemas que han dado origen a investigaciones serias, tanto en el pasado remoto como en el reciente, y que
     -eventualmente- han llevado a grandes descubrimientos.
     El llamado "problema del cuerpo negro", que en manos de Max Plank dió inicio a la Mecánica cuántica -tal vez la revolución más importante en la historia de la Física (o de la Ciencia en general)-, o las elucubraciones de Albert Einstein acerca de la velocidad de la luz y su relación con los conceptos de espacio y de tiempo, que cristalizaron en su teoría de la Relatividad restringida ; son ejemplos, por lo extraño e inesperado de sus orígenes, de que lo que convierte en científico un cierto problema es, más que el problema mismo, el hecho de que haya científicos interesados en resolverlo. Los problemas no pueden dividirse en problemas científicos y no científicos sino que en problemas que interesan a la comunidad científica y problemas que no lo hacen.
     De acuerdo con la acertada caracterización que John Ziman hace del conocimiento científico, éste es fundamentalmente conocimiento público, o sea, es el producto de una empresa humana colectiva cuyo fin "es lograr un consenso de opinión racional sobre el ámbito más amplio posible". (John Ziman, 1981, p.14) Por tanto, para convertir el problema de las "diluciones homeopáticas" en un asunto de investigación genuinamente científico, se debe interesar a la comunidad de científicos proponiéndoles una explicación que pueda ser sometida a contrastación experimental. Éste es el propósito que nos anima en el presente trabajo de investigación.
     Ahora bien, en el desarrollo de esta tarea nos encontramos con dos visiones contrapuestas, que empantanan de alguna manera este proceso. Por una parte, la visión de los propios médicos que practican la Homeopatía con fines terapéuticos ; y, por otra parte, la visión de los críticos que -al carecer de la experiencia de los anteriores en la efectividad médica de las "diluciones homeopáticas"- son escépticos a su respecto. Escepticismo razonable pero no siempre bien fundado.
LA VISIÓN DEL MÉDICO HOMEÓPATA.
     Al médico homeópata le resulta difícil aceptar que su rica experiencia confirmatoria de la efectividad terapéutica de las "diluciones homeopáticas", no baste para establecer un hecho científico: el hecho de que las "diluciones homeopáticas" actúen más allá de toda duda razonable.
     Así, frente al argumento que pretende explicar su efecto mediante la sugestión
     –el llamado "efecto placebo"-, le contrapone otro argumento decisivo: la efectividad de las "diluciones homeopáticas" en animales, niños pequeños (incluído lactantes) y, aún, en plantas.
     Otro argumento que pretende ser refutador es el de las curaciones espontáneas. Según este argumento, la curación se produce de todas maneras –aun en ausencia de todo tratamiento- en un cierto porcentaje de casos.
     Sin embargo, este argumento sólo podría ser sostenido por alguien que supusiera –equivocadamente- que los casos de curación mediante la Homeopatía son muy raros. Efectivamente, si se tratara de algunas cuantas escasas curaciones, se podrían atribuir a curaciones espontáneas que simplemente por azar sería dable esperar ; pero la realidad es que los casos de curación homeopática son estadísticamente muy importantes, lejos de lo que por mero azar se podría predecir. De esa forma este argumento también puede ser rechazado.
     Entonces el médico homeópata cree haber demostrado definitivamente la realidad de las "diluciones homeopáticas". Es necesario decir que ésto constituye un error. La praxis médica es una parte de la Tecnología (ya que es una técnica) y no de la Ciencia en sentido estricto, por lo cual los resultados terapéuticos no pueden tomarse como una prueba o demostración de alguna teoría, pretendiendo así establecer un hecho científico. Es la Tecnología la que está fundada en la Ciencia y no al revés, de tal manera que mientras "la justificación del conocimiento técnico se basa en la exitosa manipulación de los fenómenos,... ésta no juega el mismo papel en la justificación del conocimiento científico".(León Olivé, 1991, pp.149-150.)
     En otras palabras, la gran cantidad de resultados positivos en el uso de la terapéutica homeopática hablan a favor de la existencia de un problema -precisamente el que hemos llamado "problema de las ‘diluciones homeopáticas’"-, el cual necesita concretarse en una hipótesis para poder entrar en el terreno franco de la investigación científica. Aclaremos, sin embargo, que esa hipótesis debe ir más allá de la eficacia terapéutica –asunto que incumbe a la tecnología del acto médico-; es decir, que el problema sería el mismo aun cuando las "diluciones homeopáticas" se hubieran revelado como pobres medicamentos de un bajo porcentaje de curación (lo cual, ciertamente, no es el caso). Pues si el medicamento homeopático es de verdad capaz de curar, bastaría un solo caso si éste pudiera ser comprobado ; ya que para explicar ese único caso, deberíamos aceptar que existe "algo" capaz de curar en esas diluciones llevadas más allá del límite de dilución del soluto (Número de Avogadro).
     Es de la posible actividad en general de las "diluciones homeopáticas", entonces, de lo que estamos hablando y no de la actividad terapéutica en particular. El problema no consiste en buscar una explicación a una supuesta acción terapéutica de las "diluciones homeopáticas" –ése es un problema diferente: el problema de la validez científica de la "ley de los semejantes" (Véase el ensayo ¿Es la llamada "ley de los semejantes" una ley científica?, del mismo autor del presente trabajo.)-, sino que a una acción que pueda demostrarse como realmente presente mediante algún reactivo de cierto tipo (que alguna implicación de la misma hipótesis deberá precisar). Éste es el primer paso. Posteriormente, es la prosecución de la investigación científica la responsable de encontrar una respuesta racionalmente satisfactoria.
LA VISIÓN CRÍTICA A LA HOMEOPATÍA.
     Una crítica frecuente de aquellos que se acercan a la Homeopatía, no como a un problema por resolver sino que con un prejuicio condenatorio, es la siguiente:
     "¿Cómo explican los homeópatas esta supuesta potencia de las dosis infinitesimales, incluso cuando la dilución elimina todas las moléculas de una sustancia? Hablan de misteriosas vibraciones, campos de fuerza o radiaciones totalmente desconocidas por la ciencia."(Martin Gardner, 1993, p.37.)
     La base del argumento de Martin Gardner, parece ser el siguiente: "Si Ud. –en este caso, el médico homeópata- no puede explicarme cómo es posible que las ‘diluciones homeopáticas’ puedan tener algún efecto, cierta actividad medible de algún tipo, cierta ‘potencia’ –como suele llamarse-, entonces tal efecto o potencia no existe".
     Este argumento confunde dos conceptos que, aunque puedan estar relacionados, son diferentes. El concepto de explicación científica con el concepto decomprobabilidad fáctica. Es cierto que la existencia de una explicación en forma de teoría es el camino para propiciar la comprobación objetiva de los hechos, pero se trata de dos cosas distintas. En otras palabras, no se pueden negar los hechos mientras no se hayan dado primeramente los pasos necesarios para intentar establecer esos hechos. Por supuesto, tampoco se pueden aseverar. Es decir, toda afirmación a priori, tanto la de los defensores como de los detractores de la Homeopatía, constituye una equivocación. Sólo cabe una actitud científica: posponer todo juicio definitivo hasta tener pruebas suficientes.
     En lo que sigue de este trabajo, procuraremos desarrollar una teoría acerca de los posibles mecanismos reales subyacentes que expliquen el fenómeno de las "diluciones homeopáticas", con el objeto de que sea criticada –para su perfeccionamiento-; y permita asimismo el establecimiento de un modelo experimental, única forma estrictamente científica de responder al problema que éstas plantean. Tal vez este esfuerzo remueva el escepticismo de quienes, como Martin Gadner, requieren de argumentos racionales antes de decidirse a examinar las pruebas empíricas que la Homeopatía dispone.
     Dos preguntas han guiado nuestra investigación: ¿qué es aquello que persiste a la dilución más extrema y cómo –de qué manera- se produce en el proceso de dilución?
LA PREPARACIÓN DE LAS "DILUCIONES HOMEOPÁTICAS"
     Es en el proceso de preparación de las "diluciones homeopáticas", donde debiéramos encontrar las pistas que nos conduzcan a descubrir cuál es la explicación del efecto –si éste verdaderamente existe- de estas diluciones.
     Si tomamos una parte de cierta sustancia –imaginemos que se trata, por ejemplo, de cloruro de sodio o sal común- y nueve partes de solvente, tendremos una primera dilución decimal (o D1). El solvente usado es una mezcla de alcohol y de agua, pero –para nuestros fines- nos limitaremos al estudio del agua, ya que el alcohol es usado más bien para evitar cualquier tipo de contaminación biológica (por ejemplo, por levaduras).
Ahora bien, el proceso de dilución se aplica sucesivamente sobre la dilución anterior –sobre D1, luego sobre D2, luego D3, D4, etc.-, vale decir, por cada una parte de la dilución precedente, se agregan nueve partes de solvente, hasta alcanzar diluciones sobre el límite físico impuesto por el Número de Avogadro. Este número adimensional expresa, como se recordará, el número de moléculas presentes en un mol (la masa molecular expresada en gramos) de cualquier sustancia y que, bajo condiciones normales, es igual para todas: aproximadamente 6 x 1023 moléculas.
     Por una simple operación aritmética, se puede ver que cualquier dilución decimal superior a la número 23 (por sobre D23), o sea, cuando el proceso de dilución se ha realizado 23 veces sucesivas, carece de toda posible molécula de soluto (la sustancia en dilución).
     Aquí es precisamente donde comienza el misterio, porque ya no es posible explicar la supuesta acción de la "dilución homeopática" sobre tejidos humanos o animales (incluso vegetales), a base de las leyes de la Farmacología –y, en último término, mediante las leyes de la Química-. Si la acción no es responsabilidad de las moléculas (inexistentes) del soluto –porque las únicas moléculas que persisten son las del agua-, es a éstas donde debemos dirigir nuestra mirada en busca de una (nueva) explicación.
     Proponemos llamar a toda dilución por sobre el límite de persistencia del soluto, establecido por el Número de Avogadro, como "solución cero". Ésta es meramente una convención terminológica, pero nos parece útil para el fin de tener presente con mucha claridad que es de las moléculas de solvente –y, más precisamente, de las moléculas de agua- de lo que estamos hablando.
     Un reparo podría ser que, en lugar de "solución cero", podríamos decir simplemente "agua", pero ésto equivaldría a dar por solucionado el problema antes de haberlo investigado. Pues si se trata de moléculas de agua, no es ciertamente de moléculas de agua ordinaria de lo que hablamos. Ahora, responder en qué consiste lo especial de estas moléculas de agua que llamamos "solución cero", es el asunto de todo este trabajo en busca de una explicación.
     Hemos tomado como ejemplo de preparación de una solución homeopática, al cloruro de sodio o sal común, que es una sustancia fácilmente soluble en agua. ¿Qué ocurre con las sustancias que no son solubles en agua, como es el caso de tantas sustancias orgánicas o el caso de los metales?
     El mismo Samuel Hahnemann resolvió este problema: En un mortero, sometió a trituración la sustancia insoluble tomando una parte por nueve partes de lactosa (azúcar de leche), y en trituciones sucesivas –idénticas a las diluciones ya descritas usando agua- prosiguió hasta alcanzar su estado de solubilidad. En ese momento –que para los metales es, en la mayoría de los casos, alrededor de la 8a trituración decimal- se traspasa de la trituración a la solución acuosa. Con ésto se demuestra que, en estricto rigor, no existe sustancia alguna que sea absolutamente insoluble en agua. Se ha demostrado que es así aun con el cuarzo de la arena de playa: se la tritura varias veces sucesivamente y luego se torna soluble en agua.
     Todo lo anterior nos lleva a concluir que la solubilidad juega un papel muy importante en esta investigación en la que estamos empeñados. En efecto, la solución implicasolubilidad del soluto en el solvente o, en otros términos, involucra una interacción entre las moléculas del soluto (en las primeras diluciones) y las moléculas del solvente (el agua). Y cuando desaparece el soluto (solución cero), algunas de las moléculas de agua deben tomar su lugar, de manera de poder interactuar con las nuevas moléculas de agua agregadas por la dilución. Si así no fuera, el proceso se interrumpiría, ya que a esta altura no quedan moléculas de soluto –que, de alguna manera, son responsables del cambio sufrido por el agua-.
     Las moléculas de agua, entonces, cumplirían una doble función. Por una parte, deberían ser susceptibles de sufrir la influencia de las moléculas de soluto, modificándose de una manera perdurable, aunque no necesariamente permanente ; y, por otra parte, deberían poseer además la aptitud de reemplazar a éstas, adoptando su papel, y, de esa manera, ser capaces de influenciar a nuevas moléculas de agua.
     ¿Y cuál podría ser el mecanismo mediante el cual el agua cumpliría esta importante doble función? En una primera aproximación –ya encontraremos una respuesta más completa y más detallada en lo que sigue-, conjeturamos que son principalmente los puentes de Hidrógeno del agua, los implicados en estas nuevas funciones. Dado que la carga eléctrica de la unión del Oxígeno con cada Hidrógeno, está más repartida en la vecindad del Oxígeno, cualquiera de los dos Hidrógenos se puede unir fácilmente a los electrones libres del átomo de Oxígeno de otra molécula de agua. Se forma así una unión que, aunque es más débil que las uniones químicas ordinarias, es por eso mismo de una mucho mayor plasticidad ; y que se denomina "puente de Hidrógeno".(Lachek, Diner y Fargue, 1989, p.133.)
     El resultado es la formación de polímeros de agua, es decir, de largas cadenas constituídas por moléculas de agua. De hecho, éstas se están formando todo el tiempo en el agua común en equilibrio térmico con su ambiente. Sin embargo, el proceso de unión de varias moléculas de agua para constituir una sola gran estructura molecular (un polímero) en presencia de un soluto diluído es, en nuestro criterio, el suceso clave para la explicación buscada. ¿Por qué?
     Porque la complejidad estructural así adquirida por el solvente –el agua- debe estar relacionada, de alguna forma, con el soluto. Posteriormente el soluto desaparece, pero no sin antes dejar en el solvente algún cambio perdurable (asociado con el aumento de la complejidad). Ésto es a lo que –en nuestra opinión, muy desafortunadamente- se ha llamado "memoria del agua". (Por ejemplo, en Jacques Benveniste, 1991, p.816.)
     Lo desafortunado está en intentar explicar lo oscuro por lo oscuro: si se tuviera una teoría de la memoria muy desarrollada y, además, de carácter general, entonces sería útil, pero lamentablemente ése no es el caso. Se entiende, así, el sarcasmo de Martin Gardner:
     "En otras palabras, el agua puede recordar las propiedades de una sustancia que ha desaparecido de ella".(Martin Gardner, 1993, p.37.) Evidentemente, el agua no puede "recordar", ésa es una función del cerebro, pero tal vez el mismo mecanismo físico que está en la base de este fenómeno del agua que estamos analizando, sea útil mañana para explicar el mecanismo de la memoria en su recto sentido (o sea, como una propiedad del cerebro). En todo caso, la memoria sería un rasgo del proceso, pero de ninguna manera su explicación ; por el contrario, lejos de explicar algo, necesita a su vez ser explicada.
     Volviendo de esta digresión al tema del aumento de la complejidad estructural del solvente, digamos que el concepto de complejidad implica al concepto de orden.
     Sin embargo, no es posible seguir nuestro análisis sin aclarar primero algunos conceptos previos –como el concepto de entropía y su afín, el concepto de neguentropía- que nos proporciona la Termodinámica. Más adelante, hablaremos de la equivalencia entre la neguentropía –que dice relación con el orden- y la cantidad de información. Posteriormente, el concepto de cantidad de información –una manera de medir la complejidad- nos llevará a dilucidar el concepto mismo de Información*, fundamento último de toda nuestra teoría.
*(Escribimos "Información" con I mayúscula para distinguirla de la llamada "cantidad de información", en la cual "información" está con minúscula. La diferencia tipográfica es un trasunto de su diferencia conceptual, como lo veremos en el texto.)